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Contexto emocional

Foto de Mª Elena Correas

Seguro que conoces la pirámide de necesidades de Abraham Maslow. Es una teoría clásica que establece una jerarquía de las necesidades humanas, y ha sido referencia para mejorar la motivación en diferentes ámbitos. Sin embargo, sus posibilidades van más allá. Este post recoge una experiencia en la que se analiza el contexto emocional de un grupo-clase a partir de la pirámide de Maslow.

Dinámica

Comienza solicitando a cada uno de los miembros del grupo que describa, al menos, TRES experiencias vitales significativas. Es importante que cada persona analice si esas experiencias han causado emociones agradables (en este caso deberán escribirlas en un post-it de color amarillo) o emociones desagradables (que irán en un post-it rosa).

A continuación, pide a cada persona que ubique sus experiencias en la pirámide de Maslow (dibujada sobre el suelo del aula), en función de si la vivencia está vinculada a la satisfacción (a la izquierda) o a la ausencia (a la derecha) de una de las necesidades de la pirámide.


Interpretación

La distribución de los papeles evidenciará que la privación de necesidades tiene que ver con emociones desagradables; mientras que la satisfacción está vinculada a emociones agradables.

¿Qué tipo de necesidades predominan en tu grupo?, ¿hay más emociones agradables o desagradables? Un simple vistazo de la distribución de los pequeños papeles en tu pirámide ya te dará mucha información sobre el contexto emocional de tu grupo. Pero nada será más revelador que leer los post-it y acercarte a la realidad emocional de cada una de las personas de tu clase.


Si alguien tiene hambre, tendrás que ayudarle a conseguir un bocadillo antes de enseñarle a hacer su currículum vitae. Comentario de clase.

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La letra con emoción entra

Foto del colegio vía ceipjuliocarobaroja.es

Érase una vez un rey que odiaba al brujo más admirado por sus súbditos. Un día ordenó apresarlo y condenarlo. Le dijo: “Vas a ser ejecutado. Solo podrás salvarte si adivinas qué día vas a morir”. El hombre no perdió la compostura. Con voz pausada contestó: “Moriré un día antes que vos”. El rey palideció. La satisfacción inicial dio paso al temor por su propia vida, ¿y si sus predicciones son ciertas? En vez de matarlo, mandó que residiera en palacio y que siempre estuviera protegido.

Este cuento pone de manifiesto la importancia que puede llegar a tener la INTELIGENCIA EMOCIONAL. Daniel Goleman sostiene que la escuela debe promoverla, despertando la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, de encauzarlos y de gestionar las relaciones sociales. Sin duda, el brujo del cuento tenía esas competencias. Desarrollarlas en el alumnado requiere docentes preparados para enseñar contenidos diferentes, como la aritmética del corazón o la gramática de las relaciones.

El CEIP Julio Caro Baroja trabaja en esta línea y va más allá, utilizando la emoción como recurso didáctico. Su estrategia pedagógica parte de una pregunta simple: ¿por qué lees un libro como Los pilares de la tierra, con más de 1000 páginas? Cuando descubres su historia no puedes dejarlo, te llega al corazón. En este colegio público de Málaga, los docentes acompañan el inicio de cada lectura propuesta con interpretaciones narrativas, con música relacionada con los libros y con investigaciones acerca de las realidades que los inspiran. Persiguen despertar en sus alumnos emociones positivas que enganchen al relato. Cuando lo logran, la lectura continúa sin el docente.

La educación se ha centrado tradicionalmente en lo que consideraba cuestiones serias, como la razón, las letras, los números... dejando de lado otros asuntos más humanos, como los sentimientos y las emociones. «Eso es cosa de cada uno», sentenciaba la Pedagogía. Pero resulta que estábamos equivocados. Como canta Fito, «las cosas importantes aquí son las que están detrás de la piel». Pedagogía vía Twitter

Parece evidente que la educación emocional debería ser una prioridad curricular. Sin embargo, la legislación educativa continúa lastrada por una tradición racionalista. Heredamos una "escuela del lado izquierdo", que no considera que los sentimientos y las emociones sean cosa suya. Por suerte, muchos docentes compensan esta carencia en el aula, demostrando lo que ya sabía el brujo del cuento: que la inteligencia emocional es tan importante (o más) que las matemáticas o la lengua; y que estas materias se comprenden mejor si se aprenden con emoción.
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Propósito pedagógico de año nuevo

Foto de Manuel Quiroga vía Flickr

Y después del año olímpico llega 2017. Otra carrera de fondo, una lucha por sacar lo mejor de cada uno… No puedo evitar verlo todo con las gafas de Río. ¿Te has fijado en los abnegados entrenadores? Siempre detrás de cada deportista. Comparten sueños, esfuerzos, triunfos y fracasos. Crean lazos afectivos que van más allá de la relación profesional… Si eres docente ya habrás detectado el paralelismo con nuestra profesión.

Estos juegos han sido históricos por muchos motivos. Voy a traer a este post uno en concreto: el adiós de Michael Phelps. Leyendo su biografía, resulta increíble que el Tiburón de Baltimore le tuviera miedo al agua, pero así era. Lo superó, evidentemente, y no fue el único obstáculo. Diagnosticado de hiperactividad, también sufrió el fracaso escolar. A pesar de todo, ganó su primer campeonato a los 10 años. Con 15 participó en Sidney 2000 consiguiendo un diploma olímpico. Desde entonces su carrera fue meteórica hasta que, hace ahora dos años, el alcohol se cruzara en su camino. Perdió la forma, la concentración, incluso la novia… «Está acabado», sentenció la opinión pública. Contra todo pronóstico, Phelps se repuso a tiempo para llegar a Río y lograr seis medallas.

MAKTUB es una palabra de origen árabe que podría traducirse como «todo está escrito». Los docentes del joven Michael, a tenor de sus calificaciones, advirtieron a su madre: «No esperes demasiado, siempre será un chico mediocre». Es posible que muchos periodistas lo consideraran acabado cuando cayó en la adicción. «Maktub», dijeron. Una palabra desconocida para Bob Bowman. Es el entrenador del Tiburón. Lo es desde que empezó a nadar con 10 años, y lo ha sido en los buenos y en los malos momentos, hasta su retirada.

Un buen propósito para este año que empieza podría ser aprender del ejemplo Bowman: no hay nada escrito. Un fracaso no significa más que una nueva oportunidad de aprender, de superarse, de disfrutar más del éxito cuando llegue. Ningún alumno está predestinado. El futuro se construye en el día a día… con la ayuda de gente como Bowman, cuya huella trasluce en esta frase de Phelps, ideal para presidir una clase: 


«No puedes ponerte un límite. 
Cuanto más sueñas, más lejos llegas»
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El mejor regalo

Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

El doctor Werner estudió durante treinta años a 500 niños nacidos en medio de la pobreza, en la isla Kauai. Como cabía esperar desde el punto de vista epidemiológico, la incidencia patológica era mucho más elevada que en contextos normales. Sin embargo, este médico también demostró que los niños que crecían sanos lo hacían, en gran medida, por la presencia en sus vidas de una persona (familiar o no) que les proporcionaba seguridad, confianza y afecto.

La teoría del apego tiene una explicación para el hallazgo de Werner: EL SER HUMANO NECESITA CRECER CON APEGO.


El apego es el vínculo de amor que se establece con la persona que ejerce como "cuidadora principal", y que suele estar representada por la figura materna y/o paterna (o abuelos, e incluso los docentes cuando falla la red familiar)

El apego satisface esta necesidad (no solo) humana de sentirnos queridos, de encontrar consuelo cuando sufrimos dolor, o seguridad cuando pasamos miedo. Se trata de una necesidad tan básica como la alimentación. Incluso más... El siguiente experimento es una buena prueba de ello.


Ainsworth introdujo el concepto de BASE SEGURA para referirse al conjunto estable de afectos que influirá de forma positiva sobre el desarrollo infantil. Lo opuesto sería un apego inseguro, que L`Ecuyer define a la perfección en su último libro (p. 169):


Por ejemplo, si el niño recibe el mensaje: "Tus necesidades no pueden ser atendidas", desarrollará el siguiente modelo de funcionamiento interno: "No puedo confiar en los demás", "El mundo es hostil", "No valgo la pena", "No soy competente". El resultado es apego inseguro. Todo ello lleva al niño, adolescente y eventual adulto a tener baja autoestima, alta inseguridad, bajas competencias sociales y resistencia a explorar lo desconocido.

La educación estará condicionada por los apegos. La pedagogía sistémica propone diferentes herramientas para analizar e intervenir, si fuera preciso, sobre los vínculos del amor. En este enlace puedes profundizar sobre ello. Aquí solo 350 palabras... Lo justo para terminar con una reflexión sobre el mejor regalo de esta navidad. No te va a costar dinero ni largas colas. El mejor regalo ese millón de pequeños actos de apego que tienes al alcance de tu mano.
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La casita resiliencia

Foto de Pulpolux vía Flickr

Epicteto fue hijo de esclavos. Su primer dueño le propinaba terribles palizas. Con el segundo propietario tuvo más suerte, era persona ilustrada y permitió que asistiera a clases callejeras de filosofía. Poco a poco fue desarrollando un pensamiento propio que le ayudó a encontrar la felicidad, a pesar de ser pobre, no tener familia y estar privado de libertad.

Epicteto aprendió a superar las adversidades desarrollando una actitud resiliente. Como esclavo podía ser sometido, humillado, torturado... no tenía poder sobre nada de lo que acontecía a su alrededor. Sin embargo era el rey de su mundo interior. Si él no lo permitía, nada podía alterar sus pensamientos y convicciones.

Mucho después, Stefan Vanistendael sistematizó las ETAPAS PEDAGÓGICAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA RESILIENCIA, a través de una acertada analogía de la que toma nombre su teoría: "La casita resiliencia".

Yo soy
Toda construcción precisa de un solar, y NO sirve cualquier superficie, necesitamos un suelo firme. En el desarrollo de la resiliencia, la base son las necesidades que Maslow identifica en el nivel inferior de su famosa pirámide. Sin alimento, descanso o ropa no hay construcción posible. Ni el propio Epicteto pudo ser resiliente con su primer dueño.

Una vez preparado el suelo se pueden poner cimientos, que equivalen a la aceptación personal y a la formación de una red de apoyos (familia, amigos). Es la primera gran etapa de esta construcción.

Yo tengo
El primer piso albergará la capacidad para soportar un terremoto (lo que nos ocurre) sin que nuestra casita se hunda. Una segunda planta supone ir más allá, dotando de significado a los acontecimientos para que nos beneficien. Es la fase en la que "yo tengo" la capacidad de reinterpretar el "por qué". El sentido del humor, la autoestima o relativización serán esenciales para trabajar esta etapa de la construcción.

Yo puedo
El tejado es el final de la obra. La culminación de la actitud resiliente sería la apertura a nuevas experiencias, el abandono de la zona de confort para ser mejor profesional, mejor alumno... MEJOR PERSONA.

El ejemplo de vida de Epicteto y sus ideas fueron tan valiosas que el mismísimo Adriano, emperador de Roma, hizo un largo viaje para escuchar al ya anciano maestro. Él construyó su casita y ¡TÚ TAMBIÉN PUEDES!
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Los guardaespaldas

Foto de Astro Naut vía Flickr

Recientemente un profesor de Secundaria le preguntó a un colega de Primaria si su clase era problemática. La respuesta del maestro refleja bien el cambio que han sufrido las relaciones familia-escuela: «En Primaria los problemas no los dan los niños, como sucede en Secundaria. En primaria los problemas los dan los padres».

El periodista David Sedaris relata en su bestseller, Let´s explore diabetes with owls, una vivencia que no le resultará ajena a los que trabajan a pie de aula. Es el caso de un adolescente que estaba grafiteando un buzón en el exterior del supermercado en el que sus padres compraban. Cuenta Sedaris que un vecino puso su mano en el hombro del chico y le llamó la atención. En ese momento, los padres de la criatura salían con sus bolsas. Rápidamente se encararon con el hombre, que les explicó el motivo de su recriminación. No atendieron a razón alguna: «¿Quién se ha creído usted que es para tocar a mi hijo?», espetaba mamá al tiempo que papá desenfundaba su móvil para llamar a la policía.

En España ya conocíamos a los «padres helicóptero», que revolotean constantemente sobre los asuntos de sus hijos. También habíamos visto «padres apisonadora», especializados en allanar el camino que pisa su progenie. Sin embargo, la hiperprotección no era un fenómeno habitual en nuestras escuelas. Vive su apogeo en Estados Unidos, donde es normal que los «PADRES GUARDAESPALDAS» salten a la yugular de cualquiera que ose criticar o reprender a sus protegidos.

En muchos casos, estas actitudes están cargadas de buenas intenciones (darte lo que yo no tuve, demostrar que siempre estaré de tu lado, evitarte mi calvario…). A pesar de ello son nocivas para la educación. Ya decía Einstein que el aprendizaje es experiencia y todo lo demás es solo información. Pero lo peor no es lo que se deja de aprender cuando la vida transcurre entre algodones, sino lo que se enseña a través de un ejemplo directo de arbitrariedad y desmesura de un referente educativo tan poderoso como son los padres.

No es de extrañar que detrás de ese adolescente problemático de Secundaria haya una pareja de guardaespaldas, que ahora ve cómo el que fuera su protegido se ha convertido en su tirano.

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La escuela del lado izquierdo

Foto de Kerolic vía Flickr

Mientras componía, Amadeus Mozart le pedía a su esposa que leyera en voz alta libros que no guardaban relación alguna con la música. Era una acción destinada a mantener ocupada a la parte más racional de su cerebro e impedir que ahuyentara a las musas. Sin duda, parece una excentricidad. Sin embargo, la neurociencia confirma hoy que había cierto fundamento en ese método. Resulta que la parte izquierda del cerebro está vinculada a tareas lógicas y racionales, mientras que la derecha es más soñadora e imaginativa.

Mozart se sentía cautivo de una educación dirigida al hemisferio izquierdo. En la cultura occidental ha sido así desde Aristóteles hasta los racionalistas franceses:

Despréndete de todas las impresiones de los sentidos y de la imaginación, y no te fíes sino de la razón. Descartes.

Frente a ello, las investigaciones que le proporcionaron el Nobel a Roger Sperry concluyen que no hay un hemisferio más importante que otro y que la aportación de ambos es fundamental para cualquier tarea.

Si siembras juntos dos vegetales, las raíces se entrelazarán y mejorarán la calidad del suelo, de modo que las plantas crecerán mejor que si estuvieran separadas. Esto es sinergia, una de las leyes de la naturaleza, que también rige el funcionamiento del cerebro. No existe una yuxtaposición entre un cerebro lógico y otro imaginativo. Por lo que una educación centrada en el hemisferio izquierdo rompe un equilibrio natural y desaprovecha la fuerza de la sinergia para el desarrollo cognitivo.

El mensaje de las ciencias cerebrales no dejar lugar a dudas. Sin embargo, la escuela sigue escorada a babor. No es solo por el peso de la tradición. La sociedad actual, muy especialmente desde la irrupción de los ordenadores, encumbra a las cualidades del yo racional al tiempo que desprecia las del yo intuitivo. Seguro que alguna vez te han reprochado tener demasiada imaginación, pero es más extraño que desestimen tu idea por ser demasiado lógica... eso es más bien algo positivo.

Es el momento de que la educación empiece a compensar su atención respecto a los hemisferios cerebrales. En esta cuestión, la virtud está en el término medio.

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