La desaparición de la niñez

Foto de Óscar Velázquez vía Flickr

En un post reciente tratamos el tema de la sobreprotección familiar como una de las variables que influyen en el incremento de la agresividad infantil. Sin embargo, todos conocemos casos de "niños tiranos" cuyos padres no fueron "guardaespaldas". Esto indica que nos encontramos ante un problema complejo, cuyas causas trascienden el ámbito familiar.

El sociologo Neil Postman pronosticó hace tres décadas "la desaparición de la niñez". Muchos lo tacharon de agorero, pero cada vez hay más evidencias de que su predicción no era nada descabellada. Analicémosla.

¿Qué es la niñez?

En contra de una concepción muy extendida, la niñez NO es una categoría biológica. Postman la define como un "artefacto social": la oportunidad que brinda la sociedad a sus menores para que no se vean obligados a vivir como adultos durante cierto periodo de sus vidas.


La idea o el concepto de niñez es uno de los grandes inventos del Renacimiento, quizás el más humano que este haya tenido. Neil Postman

La tecnología fue clave en la creación de la niñez. La aparición de la imprenta de Gutenberg convirtió a la cultura europea en una cultura que se leía. Una persona no podía ser adulta sin saber leer, y esta habilidad se adquiere más fácilmente a una edad temprana, lo que implicaba crear escuelas. He aquí el inicio de una etapa, la niñez, que hemos estado refinando durante los últimos siglos.

¿Por qué está desapareciendo?

La lecto-escritura ha actuado como una especie de DOSIFICADOR en el acceso a la cultura. En los libros infantiles, por ejemplo, no aparecen asesinatos. Antes la cultura se reservaba ciertos "secretos" a los que solo se accedía en la edad adulta. Con la aparición de la televisión todo cambió.


La televisión borra la línea divisoria entre la niñez y la edad adulta de dos maneras distintas. En primer lugar, porque no requiere instrucción alguna para su comprensión, y en segundo lugar, porque no segrega a su audiencia. Comunica la misma información a todo el mundo de forma simultánea, sin tener en cuenta la edad o el nivel educativo. Neil Postman

Postman no imaginaba que unos años después aparecería internet...

¿Qué supone la desaparición de la niñez?

Un grupo social está definido por la exclusividad de la información que manejan sus miembros, dice Postman, "si todo el mundo conociera lo que los abogados conocen, entonces no habría abogados". Si los niños conocen lo que los adultos conocen, entonces no hay infancia.

El resultado son niños que manejan los "secretos" de la cultura (la pornografía, la violencia...) como si fueran adultos, pero sin la madurez que se presupone en un adulto, con todo lo que ello implica...
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Los guardaespaldas

Foto de Astro Naut vía Flickr

Recientemente un profesor de Secundaria le preguntó a un colega de Primaria si su clase era problemática. La respuesta del maestro refleja bien el cambio que han sufrido las relaciones familia-escuela: «En Primaria los problemas no los dan los niños, como sucede en Secundaria. En primaria los problemas los dan los padres».

El periodista David Sedaris relata en su bestseller, Let´s explore diabetes with owls, una vivencia que no le resultará ajena a los que trabajan a pie de aula. Es el caso de un adolescente que estaba grafiteando un buzón en el exterior del supermercado en el que sus padres compraban. Cuenta Sedaris que un vecino puso su mano en el hombro del chico y le llamó la atención. En ese momento, los padres de la criatura salían con sus bolsas. Rápidamente se encararon con el hombre, que les explicó el motivo de su recriminación. No atendieron a razón alguna: «¿Quién se ha creído usted que es para tocar a mi hijo?», espetaba mamá al tiempo que papá desenfundaba su móvil para llamar a la policía.

En España ya conocíamos a los «padres helicóptero», que revolotean constantemente sobre los asuntos de sus hijos. También habíamos visto «padres apisonadora», especializados en allanar el camino que pisa su progenie. Sin embargo, la hiperprotección no era un fenómeno habitual en nuestras escuelas. Vive su apogeo en Estados Unidos, donde es normal que los «PADRES GUARDAESPALDAS» salten a la yugular de cualquiera que ose criticar o reprender a sus protegidos.

En muchos casos, estas actitudes están cargadas de buenas intenciones (darte lo que yo no tuve, demostrar que siempre estaré de tu lado, evitarte mi calvario…). A pesar de ello son nocivas para la educación. Ya decía Einstein que el aprendizaje es experiencia y todo lo demás es solo información. Pero lo peor no es lo que se deja de aprender cuando la vida transcurre entre algodones, sino lo que se enseña a través de un ejemplo directo de arbitrariedad y desmesura de un referente educativo tan poderoso como son los padres.

No es de extrañar que detrás de ese adolescente problemático de Secundaria haya una pareja de guardaespaldas, que ahora ve cómo el que fuera su protegido se ha convertido en su tirano.

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Deberes de verano

Foto de Mamamia05 vía Flickr

Cuando impartía clases de Educación Física tenía muy claro cuál era el fin último de la asignatura: que mis alumnos y alumnas se engancharan al deporte... que siguieran practicando actividad física después de la jornada lectiva y, sobre todo, al término de su etapa escolar; lo que implicaba desarrollar su autonomía y motivación por la materia. La etapa escolar se limita a unos pocos años, sin embargo aprendemos durante toda la vida. Por ello, el FIN DEL LA ESCUELA también debe ser: que el alumnado PUEDA y QUIERA seguir aprendiendo siempre.

Con tal propósito, los deberes de verano (en su concepción tradicional) no tienen mucho sentido. Tampoco los de «invierno», a los que ya le dedicamos un post.


«Profe, tú ya sabes sumar bien. Pues imagina que cada tarde tienes que hacer cincuenta sumas, ¿vas a aprender a sumar mejor o a odiar las matemáticas?» Pedagogía vía Twitter

Si durante el curso has trabajado para que tus alumnos quieran y puedan seguir aprendiendo, no te preocupes, YA HAS PUESTO LOS DEBERES DE VERANO. Consistirían en algo parecido a lo que Rodolphe Töpffer ya recomendaba al terminar sus clases allá por el siglo XIX: «Ahora aprende del entorno y del contacto con la gente. La escuela solo es una parte del mundo, descubre el resto». John Dewey también lo defendía en su célebre obra Experiencia y educación (1938). Más recientemente, el maestro italiano Cesare Catà revolucionó las redes con su particular lista de tareas (ver traducción):


Topffer, Dewey y Catà tienen un mensaje común: VIVE MIRANDO CON OJOS DE APRENDER (o aprende de tus vivencias). Algo que difícilmente se podrá aplicar durante el periodo estival si, previamente, la escuela no se ha propuesto:

  • Alentar la CURIOSIDAD y las GANAS DE APRENDER que el ser humano ya trae de serie.
  • Desarrollar la RESPONSABILIDAD respecto al propio aprendizaje. No se trata de aprender porque alguien nos enseñe, sino de aprender porque queremos.
  • Promover el AUTOCONOCIMIENTO para descubrir qué se nos da mejor, qué nos gusta...
  • COOPERAR para conseguir metas que no podríamos alcanzar en solitario.
  • Tener PACIENCIA y TOLERAR EL ERROR. El aprendizaje lleva su tiempo e implica tropiezos.
  • Observar con CAPACIDAD CRÍTICA para aprender incluso de las malas experiencias.

¿Acaso hay mejores «ejercicios de aplicación» para aprender este verano?
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Trabajar la convivencia

Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

SINOPSIS / CRÍTICA / AUTOR / CITA / TUIT / BIBLIO


Trabajar la convivencia en los centros educativos es una obra teórico-práctica que presenta de manera fundamentada un modelo para la prevención y el tratamiento proactivo de la manifestación disruptiva a nivel de centro. La primera parte aborda una reflexión sobre la convivencia, los conflictos o la autoridad docente. La segunda parte tiene un carácter práctico. Plantea actuaciones concretas en ámbitos como: los planes de convivencia, la relación con las familias, el desarrollo de la inteligencia interpersonal o la transformación de los conflictos en oportunidades de aprendizaje.

"Una mirada al bosque de la convivencia", es el subtítulo de este libro y representa muy bien su filosofía. Ante las diferentes visiones de la convivencia escolar y su forma de afrontarla, el autor toma partido. Pedro Uruñuela desnuda su ideología sobre este tema de forma argumentada y con el respaldo del amplio conocimiento acumulado en el estudio y la experiencia. Es una apuesta tan valiente como necesaria en un campo en el que proliferan los manuales sin personalidad. Estamos ante una lectura fundamental para diseñar proyectos de convivencia y para mejorar su gestión en el aula.

Pedro Uruñuela (@urunajp) y la asociación CONVIVES, con la que colabora habitualmente, tienen una dilatada experiencia en la gestión de proyectos para la mejora de la convivencia en centros educativos. Los resultados de su trabajo están avalados por el Observatorio Estatal de Convivencia Escolar y por movimientos de renovación pedagógica.


Entendemos la convivencia positiva como aquella que se construye día a día con el establecimiento de unas relaciones consigo mismo, con las demás personas y con el entorno (organismos, asociaciones, entidades, instituciones, medio ambiente, planeta Tierra...) fundamentadas en la dignidad humana, en la paz positiva y en el respeto a los Derechos Humanos. Página 35



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La guerra invisible

Foto de José Vicente Jiménez vía Flickr

“¿Cuánto pesa este vaso de agua?”, preguntó una psicóloga mientras lo mostraba al público en una charla de gestión de estrés. Las respuestas variaban, pero la psicóloga sorprendió al afirmar: “El peso no importa, depende de cuánto tiempo se sostenga el vaso. Durante un minuto, no hay problema; si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo; si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará”. Y concluyó: “Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas más, empiezan a doler... ¡Suelta el vaso!”. José Iribas

Ahora, Kim Payne es pedagogo en la escuela pública estadounidense, pero no siempre fue así. En sus primeros años trabajó como profesor voluntario en campos de refugiados. Allí tuvo que tratar muchos casos de ESTRÉS POSTRAUMÁTICO INFANTIL. Nerviosismo, angustia, malestar o hipervigilancia son algunos de los síntomas que aparecen tras la exposición a una situación de tensión extrema. Todos aquellos casos tenían el trasfondo de un conflicto bélico. Para Payne la sorpresa llegó cuando, años después, empezó a encontrarse síntomas similares en muchos de sus alumnos americanos, ¿qué les estaba ocurriendo? Vivían en un país en paz y, sin embargo, sufrían como si estuvieran inmersos en una guerra.

En su búsqueda de respuestas, Payne constató que la infancia moderna genera un gran estrés: la carga de responsabilidades académicas, las altas expectativas de sus padres, la falta de tiempo para jugar libremente… Físicamente tienen la seguridad que echaban en falta los niños del campo de refugiados, pero el estilo de vida al que tienen que adaptarse puede desencadenar una especie de «guerra invisible» de consecuencias nefastas para un cerebro infantil.

Hay una curiosidad científica, cuya veracidad no quisiera comprobar, pero que puede servir para comprender cómo hemos llegado a esta situación casi sin enterarnos. Cuenta que cuando se echa una rana en un recipiente con agua hirviendo, la rana salta del recipiente con todas sus fuerzas. Sin embargo, cuando la ponemos a temperatura ambiente y se va incrementando el calor progresivamente, la rana no escapa y acaba muriendo cocida.

Payne sostiene que la educación se ha ido recargando poco a poco hasta llegar al punto de ebullición. Demasiadas cosas, demasiada información, demasiada velocidad. A través de un sencillo experimento, demostró que la solución puede estar en la SIMPLIFICACIÓN. Después de analizar el estilo de vida de alumnos diagnosticados con THDA, Payne cambió sus rutinas y les dio la oportunidad de vivir una infancia real. Para sorpresa de muchos padres que desconfiaban de tan peculiar tratamiento, el 68% de aquellos niños dejó de encajar en la categoría diagnóstica del THDA y el 37% mejoró sus resultados académicos.
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