5 claves para elegir campamento

Foto de Calvin Crest vía Flickr

En esta entrada abordamos uno de esos temas vinculados a la educación que afectan cada vez a más familias: los campamentos para periodos vacacionales. En el mundo acelerado que vivimos, las obligaciones laborales empujan a padres y madres a contratar estos servicios para que se ocupen de los menores en los periodos no-lectivos poco propicios para la conciliación familiar, como semana santa o el mes de julio. Obviando el debate social que podría abrirse a este respecto, pondremos el foco sobre una cuestión más pragmática —y no por ello menor—: qué campamento elegir. Estas son las cinco claves que deberíamos tener en cuenta desde una perspectiva pedagógica.

Dirección pedagógica

La primera consideración que debe orientar nuestra decisión es que el campamento no sea una especie de "aparcamiento" para nuestro hijo o hija. Hay que buscar opciones que vayan más allá del mero tutelaje. Para ello resulta conveniente analizar el programa de actividades y asegurarnos que ofrece una propuesta de ocio inspirada en valores educativos. Tampoco está de más solicitar información sobre las personas encargadas de llevarla a cabo, y exigir que sean profesionales debidamente cualificados.

Enfoque recreativo

No debemos perder de vista que se trata de las vacaciones de nuestros hijos, así deben entenderlo también ellos. Conseguirlo pasa por encontrar una oferta que se ajuste a sus aficiones y preferencias. Otra variable a considerar es la socio-afectiva. A todos nos apetece compartir nuestro tiempo de ocio con personas queridas. En este blog ya hablamos de las vacaciones en familia (ver post), pero si la familia no puede estar, los amigos pueden ser una buena alternativa. Todo ello supone que, en la medida de lo posible, haya una participación del menor en la decisión sobre qué campamento realizar.

Compensación motriz

En la escuela, el alumnado pasa gran parte de la jornada sentado. Evidente, no es la mejor postura para alguien fase de crecimiento. Por ello se recomienda aprovechar el tiempo libre para compensar ese "sedentarismo de pupitre", y una buena forma de hacerlo es programando actividades lúdicas o deportivas, preferiblemente al aire libre. El campamento puede ser una oportunidad para experimentar nuevas modalidades de ocio activo que vayan más allá de los usos habituales del patio del colegio. ¡Imagina lo divertido que sería hacer patinaje, natación o vóley-playa!

Ruptura con lo escolar

Unas buenas vacaciones son imprescindibles para afrontar el trabajo con una adecuada predisposición mental. Por propia experiencia, sabemos que podemos aplicarle el adjetivo "buenas" cuando las vacaciones logran romper con la rutina laboral, cuando "desconectamos". En el caso de nuestros hijos sucede lo mismo. No es saludable que el campamento sea una continuación del colegio. Buscar un contraste con la dinámica escolar pasa por hacer cosas diferentes. Por muy seductoras que te parezcan, huye de las ofertas que incluyan repaso de lengua, apoyo en matemáticas, etc.

Si algo garantiza pasar todo el verano estudiando no es aprobar en septiembre sino suspender en diciembre


Abierto a la elección

Un programa de actividades cerrado conlleva cierta imposición sobre un tiempo que debería ser de libre disposición. Para evitar esa sensación propia de los circuitos de viaje y enfatizar la libertad inherente a las vacaciones, se debe contemplar que los participantes tengan la oportunidad de elegir, al menos en ciertos momentos, entre distintas actividades a realizar. El mensaje que debe trasmitir el campamento a los menores es que, a diferencia de lo que sucede durante el periodo lectivo, ahora el tiempo es suyo y puede decidir sobre su ocupación (aunque sea una elección condiciona a opciones dadas).

Este post desarrolla algunas ideas expresadas en la entrevista de Enrique Sánchez para el reportaje "El gran reto de elegir campamento para la próxima Semana Blanca", publicado en La Opinión de Málaga el 03/02/2019.
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La pedagogía Dewey en 5 citas

Foto de Juan Aguilar vía Flickr

John Dewey (1859 - 1952) fue el gran pedagogo estadounidense del siglo XX. Dedicó su dilatada carrera a la experimentación metodológica y al estudio de diferentes sistemas educativos. Sus aportaciones siguen siendo hoy una referencia imprescindible en el campo de la innovación didáctica. Este post desgrana su ideología pedagógica a partir de cinco citas extraídas de su obra.


La democracia debe nacer en cada generación, y la educación es su partera

Filosofía, política y educación aparecen siempre entrelazadas en su discurso. Para Dewey, la democracia era mucho más que un régimen de gobierno, era UNA FORMA DE VIDA y un proceso de LIBERACIÓN INTELECTUAL. La concebía como una conquista pendiente en muchos ámbitos de la vida, más allá de la política, como: la familia, las relaciones entre hombres y mujeres, el entorno laboral... y la educación es el único medio para lograr su ansiada "democratización plena".


La educación es una constante reorganización o reconstrucción de la experiencia

Su modelo de escuela tiene a la EXPERIENCIA como pilar fundamental. En él, el docente es un gran generador de situaciones de enseñanza y aprendizaje, en las que el alumnado tiene la oportunidad de relacionarse e interactuar con el mundo en una vivencia enfocada hacia el desarrollo de la ciudadanía plena y democrática.


Recordamos, de forma natural, lo que nos interesa y lo hacemos simplemente porque nos interesa. Enseñemos pues despertando el interés de nuestros estudiantes

Fruto de su afán por trascender el plano meramente teórico, Dewey puso en marcha una escuela experimental adscrita a la Universidad de Chicago. Durante cuatro años, probó nuevos métodos y estudió sus efectos en los estudiantes. Trataba de generar conocimiento pedagógico para cambiar la escuela tradicional. Así surgió la enseñanza a partir de problemas interesantes para el alumnado, el germen del ABP (ver post).


La sociedad no solo existe por la comunicación sino que existe en ella. El ser humano está en permanente proceso de comunicación

La COMUNICACIÓN es para Dewey el instrumento imprescindible para la construcción democrática. Apoyado en sus investigaciones, defendió que la escuela tradicional aborda la lecto-escritura demasiado pronto, e invierte en su desarrollo un gran volumen de trabajo. Frente a ello, en la escuela laboratorio se llegaba a la lecto-escritura de manera incidental, cuando la tarea lo precisaba. De este modo, durante los primeros años todo el proceso educativo está basada en el lenguaje oral (el medio de comunicación social prioritario).


Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñábamos ayer, les estamos robando el mañana

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