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La competencia que falta

Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

Adolf Eichmann fue uno de los mayores criminales de guerra que el mundo ha conocido. Su papel en la Alemania nazi consistía en organizar el traslado de millones de judíos al exterminio. Como hoy sabemos, su trabajo fue terriblemente eficaz. Para él, era una cuestión de estadísticas, de objetivos... se trataba de números y no de seres humanos. Así lo planteó cuando fue encausado en Jerusalen: "No tuve ninguna relación con la matanza de judíos. Jamás di muerte a un judío, ni a persona alguna, judía o no. Jamás di órdenes de matar a nadie".

Lo cierto es que Eichmann, en su infancia, aprendió hebreo y tuvo amigos en la comunidad judía. Según los informes psiquiátricos, no era un fanático antisemita. Más bien dibujaban a un "hombre normal": padre de familia ejemplar y funcionario cumplidor. Este perfil llamó la atención de Hannah Arendt, una joven investigadora que trató de buscar explicaciones. Su trabajo se plasmó en uno de los más importantes ensayos del siglo XX: Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal (1963). Arendt concluyó que los criminales de guerra no son necesariamente psicópatas, totalmente diferentes de la gente normal.

Una de las causas que lleva a alguien normal a cometer atrocidades es lo que Arendt definió como "el déficit de pensamiento". Para explicar el concepto, la autora distingue entre CONOCER y PENSAR. "Conocer" consiste en acumular información. Esto posibilita la elaboración de teorías o la resolución de problemas técnicos. "Pensar" es ir más allá de los datos...


Pensar permite discernir entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo. Permite tener un diálogo interior, reflexionar críticamente sobre nuestras propias acciones. Catherine L´Ecuyer

"Aprender a pensar es fundamental para no repetir este terrible episodio de la historia", podría ser la moraleja que nos conduce a la cuestión clave: ¿Se desarrolla esta competencia en la escuela?

A finales de la década de los noventa, la Unión Europea propuso que el alumnado de todos los países miembro desarrollaran una serie de competencias esenciales, que en nuestro sistema educativo se concretan en las siguientes (Orden ECD/65/2015):

a) Comunicación lingüística.
b) Competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología.
c) Competencia digital.
d) Aprender a aprender.
e) Competencias sociales y cívicas.
f) Sentido de iniciativa y espíritu emprendedor.
g) Conciencia y expresiones culturales.

Muchos profesionales de la educación pensamos que FALTA UNA competencia. Una nueva competencia relacionada con la dimensión filosófica, que contribuya a desarrollar la inteligencia, la capacidad para discernir, el pensamiento crítico...


La filosofía tiene como función desarrollar el “pensamiento crítico”, es decir, el que se encarga de saber si algo es verdadero o falso, racional o no, fundado o infundado. Y esta competencia es imprescindible para una sociedad libre, porque sólo el pensamiento crítico nos libera del adoctrinamiento, la propaganda o los prejuicios. José A. Marina


El claustro en guerra

Foto de Oliver Henze vía Flickr


Allá por los noventa, Andy Hargreaves realizaba una investigación en el colegio de un pequeño pueblo canadiense llamado Roxborough. Influenciado por los procedimientos de Paulo Freire, quiso conocer el contexto de aquella comunidad educativa viviendo la realidad de su día a día, integrándose en el claustro… Y eso le permitió llegar a la verdadera causa de los pésimos resultados que curso tras curso cosechaba el alumnado del centro.

En aquella época, el joven Andy seguía con interés la actualidad. Como el resto del mundo, estaba impactado por el conflicto fratricida que asolaba la región de los Balcanes. El investigador que llevaba dentro no pudo reprimirse cuando descubrió que el barbero que le cortaba el pelo era esloveno. «¿Por qué os estáis enfrentado?», le preguntó. Entre corte y afeitado, el hombre le habló de una guerra de principios del siglo XX cuyas heridas se había cerrado en falso.

Hargreaves enseguida encontró paralelismos entre sus hallazgos en el colegio de Roxborough y el relato de su barbero. En el claustro también existían facciones de profesores que se odiaban y que mantenían un conflicto abierto. Como en los Balcanes, no había una causa clara y se aludía a agravios del pasado a modo de difusa justificación.

De nuevo en la barbería, Hargreaves observó con cierta estupefacción que el dueño era buen amigo de otros dos comerciantes de la zona: un serbio y un croata que, como él, también se encontraban exiliados. «Es curioso —dijo uno estando los tres reunidos con Hargreaves—, si estuviéramos en los Balcanes nos odiaríamos a muerte; pero aquí hemos podido conocernos lejos del conflicto y nos tenemos aprecio».

Una luz se encendió en Hagreaves y enseguida se puso en marcha para comprobar su nueva teoría. Localizó a docentes que habían ejercido en el colegio de Roxborough. Fue fácil, muchos ejercían en otras escuelas de pueblos colindantes. A veces incluso coincidían varios antiguos profesores de Roxborough. En esos casos, siempre contaban lo mismo: «Allí estábamos enfrentados, te metes en esa guerra casi sin querer, pero en realidad no teníamos problemas y ahora nos llevamos muy bien».

Un claustro balcanizado es un claustro fracasado

Tantas eran las similitudes con lo aprendido en su barbería que Hargreaves definió a Roxborough como una «ESCUELA BALCANIZADA». Al compararla con comunidades profesionales equilibradas, descubrió que la balcanización afecta a los resultados académicos, a las relaciones del alumnado… LO INTOXICA TODO.

Práctica deliberada

Foto de Press Association (U.K)

En 1908, Johnny Hayes —el tipo de la foto— se proclamó campeón olímpico, pulverizando el récord mundial con una marca de 2:55:18, en una carrera que la prensa describió como "la mejor del siglo". Hoy, el récord mundial de maratón está en 2:02:57 ¡Casi una hora menos! Pero no solo han mejorado los atletas profesionales. Uno de los requisitos para inscribirse en la maratón de Bostón es ser capaz de completar el recorrido en menos de tres horas, y 30.000 corredores aficionados lo hacen cada año.

¿A qué se debe esta espectacular mejora?

Por un lado, ha incrementado el tiempo de práctica deportiva. Cualquier runner actual invierte más tiempo del que Hayes tenía disponible para su preparación. En paralelo, se ha producido un gran avance en los métodos de entrenamiento. Ahora tienen una base científica, están sistematizados y se aplican de forma personalizada. Hoy nadie entrenaría como Hayes en 1908. Paradójicamente, puede que muchos sí hayamos aprendido con los mismos métodos didácticos que él (más sobre esto).

¿Qué es eso de la Práctica deliberada?

Anders Ericsson se preguntó si el cerebro humano podría mejorar del mismo modo que lo hace la condición física de un atleta, aplicando constancia y un método eficaz. Para averiguarlo diseñó un experimento consistente en entrenar a una persona normal en la memorización de dígitos aleatorios. Steve —así se llamaba el conejillo de indias— empezó reteniendo nueve números. Tras tres horas semanales durante dos años de entrenamiento llegó a memorizar 80. Algo así:

15421002355542100233658210823545421111350342103235654210423705421002391542100235

Además de comprobar la plasticidad cerebral (algo que han constatado otras investigaciones, como la realizada por Eleanor Maguire con los taxistas de Londres), Ericsson extrajo interesantes conclusiones para mejorar la eficacia del aprendizaje basado en la experiencia (más sobre esto), a través de lo que él denomina una PRÁCTICA DELIBERADA.

La Práctica deliberada es una estrategia pedagógica que posibilita el perfeccionamiento de COMPETENCIAS SISTEMATIZADAS y favorece el desarrollo de nuevos ESQUEMAS MENTALES, a través de una práctica caracterizada por:

  • Organizarse en torno a OBJETIVOS muy concretos y personalizados.
  • Implicar ACTIVIDAD FUERA DE LA ZONA DE CONFORT.
  • Exigir una ATENCIÓN PLENA a lo largo de toda la tarea.
  • Mantener una CONSTANCIA en el tiempo y en la disciplina.
  • Reportar un FEED-BACK (interno y externo) inmediato y orientado al reajuste.