Sociedad del aprendizaje

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Desde los gobiernos, los poderes económicos, los grandes medios de comunicación... Desde arriba, han conseguido dividir la sociedad en individuos. Divide et impera. La vieja máxima del ejército romano convertida, de nuevo, en realidad.

Es una de las conclusiones a las que llega Owen Jones en su bestseller Chavs (2012). Jones analiza las consecuencias que tiene esta nueva realidad para las relaciones laborales, económicas y sociales. La educación tampoco es ajena a esta influencia... ¿Cuáles son las implicaciones pedagógicas de una hipotética fractura de los nexos que unen a las personas en la sociedad? El siguiente cuento puede ayudar a encontrar respuestas.

Hace mucho, en una comarca agrícola tenía lugar un concurso que premiaba al pueblo que presentaba el mejor grano de la temporada de cosecha.

Desde hacía varios años venía ganando el mismo agricultor, lo que despertó gran recelo entre el resto de participantes, que empezaron a rumorear que el maíz ganador no era propio de la comarca, sino traído de tierras lejanas. Tanta fuerza alcanzó el bulo, que el jurado del concurso hizo comparecer al agricultor aludido. Ante la estupefacción de los presentes, el campesino dijo que estaba dispuesto a compartir la estrategia que usaba cada año para ganar:

—Mi único secreto es que pongo mucho cuidado en mi trabajo y no descuido el campo ni un solo día. Aunque creo que eso lo hacemos todos. Lo que convierte a mi maíz en especial es que comparto la mejor semilla con todos los vecinos del pueblo, en vez de competir con ellos como el resto de participantes.

El presidente del jurado, intrigado, dedujo que ciertamente había un secreto, pero todavía no acertaba descifrarlo. Así que formuló la pregunta que muchos se hacían:

—¿Por qué comparte su mejor semilla con los demás?

—Verá usted, señor, —dijo el agricultor— el viento lleva el polen del maíz maduro de un sembrado a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de baja calidad, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad de mis mazorcas. Si quiero obtener un buen maíz, debo ayudar a que mi vecino también lo haga.


José Antonio Marina plantea en su último libro, Despertad al diplodocus (2015), que uno de los factores clave para la mejora de la calidad educativa es la denominada "Sociedad del aprendizaje". Como en el cuento, las sociedades que se involucran (o que "conspiran" en palabras de Marina) de forma decidida y coordinada para EDUCAR lograrán repercusiones sobre el BIEN COMÚN. Actuar como individuos aislados en un mundo como el nuestro, hiperconectado, es la mejor forma de desperdiciar el esfuerzo. No queda otra que trabajar como un gran EQUIPO (formado esencialmente por gente "de abajo") en favor de la conspiración pedagógica.
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Pedagogía Sistémica

Foto de Eric Stensland vía Flickr


El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos. Marcel Proust

En 2010, Bruce Lipton realizó un importante hallazgo en el campo de la biología. Descubrió que la parte más importante de las células no es el núcleo, sino la membrana. Una célula puede vivir un tiempo sin núcleo, pero muere instantáneamente si pierde su estructura circundante. Para la Pedagogía sistémica, esa constelación de relaciones humanas que nos rodea está al mismo nivel de relevancia que la membrana celular. "Sin descubrir la historia de vínculos familiares que cada persona trae consigo, difícilmente podrá darse una verdadera educación, porque somos producto y reflejo de otros que están sin estar", diría un buen sistémico.

El propósito de la Pedagogía sistémica es conocer la amalgama de raíces afectivas que explican el estado presente de una persona. El fin no es intervenir sobre posibles carencias, sino COMPRENDER y ACEPTAR todo lo bueno o malo acontecido en la historia emocional, porque está presente en el aula. Una pedagogía que propone CONOCER a las personas como punto de partida para cualquier proceso de enseñanza y aprendizaje.

¿Qué se pretende conocer? Las dimensiones por las que se interesa esta pedagogía son cuatro:

  • INTRAgeneracional o entre iguales. 
  • INTERgeneracional: la anterior y posterior (padres e hijos). 
  • TRANSgeneracional: generaciones anteriores. 
  • InstraPSÍQUICA: los propios pensamientos y sentimientos.


La mayoría de los problemas se desarrollan en el amor que nace del vínculo, la mayoría de las soluciones son un desprendernos de personas vinculadas con nosotros, de su destino, de sus expectativas, de su influencia... La misma agua que nos sostiene y calma la sed, también puede arrastrarnos y ahogarnos. Bert Hellinger

A diferencia del pensamiento lógico-lineal que conduce a la dualidad causa-efecto, la idea de Hellinger (precursor de este paradigma) defiende que la razón no es el único regulador de la conducta humana y que no es posible deslindar los pensamientos y las acciones de las emociones y los deseos inconscientes. Quizá se puedan analizar por separado, pero adquieren significado en la medida en que forman parte de un sistema.

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Educación del XIX en el XXI

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La Revolución Industrial que convulsionó a la Europa del siglo XIX trajo consigo un nuevo modelo educativo. Urgía capacitar a los que serían futuros operarios de las fábricas que proliferaban en las urbes. El puesto en una cadena de montaje requería: disciplina, concentración en tareas repetitivas, cumplir con unos horarios... La escuela se puso al servicio de la nueva y boyante economía, y encontró métodos eficaces para crear:

  • Un trabajador obediente. La disciplina de los castigos era habitual en las aulas del XIX. Marcaba la pauta para una relación didáctica vertical, unidireccional, áspera... El docente era poseedor del saber y lo trasmitía en exposiciones magistrales. Poco tenía que decir el estudiante más allá de responder a las preguntas que ponían en tela de juicio su capacidad o esfuerzo.

  • Un trabajador infalible. Los errores se pagan caro en la industria... y también en la escuela del XIX. Así que el alumno no debía crear nada, solo reproducir un conocimiento ya contrastado. En una secuencia que se repetía hasta la extenuación: explicar, ejercitar, estudiar, demostrar y esperar las correcciones (y la consecuente nota). La tarima, los deberes y los exámenes eran recursos estrella de esta metodología, que garantizaba el desarrollo de la capacidad de concentrase en la aplicación de soluciones dadas a problemas cerrados.

  • Un trabajador adaptado. Los horarios de las fábricas, divididos en periodos de tiempo que finalizaban a golpe de sirena, se imitaron en la escuela. También se aprendió a trabajar de forma individual a pesar de estar rodeado de personas. ¡Cada cual a lo suyo! Los que se salían de la norma, los diferentes... los "inadaptados" no eran bien recibidos en este sistema.

El mundo de hoy tiene poco que ver con aquella Europa industrial. Sin embargo, en muchos contextos pedagógicos perviven las reminiscencias de la escuela del XIX.

Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñábamos ayer, les estamos robando el mañana. John Dewey

Julio Verne fue capaz de anticipar cantidad de ingenios poco antes de que se hicieran realidad, como el Nautilus de sus Veinte mil leguas de viaje submarino. La novela se publicó en 1870 y el submarino eléctrico de Isaac Peral fue botado en 1888. La lentitud que caracterizaba al progreso en su época facilitaba el acierto de estos vaticinios. Nuestra sociedad está marcada por la velocidad en la generación de conocimiento. No podemos seguir enseñando como nos enseñaron. Ni siquiera se puede educar pensando en que el mundo actual o los empleos que hoy conocemos serán los mismos a unos años vista. Es imprescindible abrir una reflexión pedagógica, que nos lleve a enfrentar de forma sincera una trascendental pregunta: ¿Educas para el siglo XIX o para el XXI?

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