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Principios DUA


Foto de IStock vía National Geographic

Tras análizar qué son los Diseños Universales de Aprendizaje (DUA), es el momento de profundizar en cómo aplicarlos. Para ello partiremos de la base neurocientífica de esta teoría, que plantea que el cerebro aprende gracias a la intervención de tres grupos de redes neuronales que tenemos que considerar en nuestros diseños pedagógicos.

Grupo 1: las redes afectivas (por qué aprender)

Las redes que intervienen en las emociones y en la motivación se localizan en el lóbulo frontal, y se activan cuando relacionamos los aprendizajes con los intereses del alumnado o la utilidad que percibe. Para lograrlo, el DUA propone:

Proporcionar múltiples formas de implicación, para permitir que cada persona encuentre su incentivo para el aprendizaje y se sienta motivada en este proceso (Principio 1 del DUA)

Este principio defiende que las personas difieren en la manera de asimilar el aprendizaje. Podemos encontrar un ejemplo de su transposición didáctica en la animación a la lectura. Lo que nos motiva a leer es la vinculación emocional a las historias que contienen los textos. Para mejorar la accesibilidad, se puede acompañar cada lectura con interpretaciones narrativas, con música relacionada con los libros y con investigaciones de aula acerca de las realidades que los inspiran. Con ello, se promueven las emociones positivas asociadas al relato y se facilita su comprensión. ¡No te pierdas cómo lo hacen en este cole!

Grupo 2: redes de reconocimiento (qué se aprende)

Las redes de reconocimiento están localizadas en la parte posterior del cerebro, y se activan cuando integramos la información nueva en patrones de conocimiento anteriores, dando lugar a nuevas conexiones neuronales. Para lograrlo, el DUA propone:

Proporcionar múltiples formas de representación de la nueva información. Así se amplían las oportunidades del alumno para integrarla en su patrones de conocimiento y, con ello, comprenderla (Principio 2 del DUA)

Este principio acepta que es necesario transmitir el mismo mensaje didáctico de varias formas diferentes. De este modo, aseguraremos que más personas lo comprendan. Podemos encontrar un ejemplo de su transposición didáctica en las asambleas de Educación infantil, en las que el propio alumnado explica lo que aprendió el día anterior. Así, la asamblea se convierte en una estrategia cooperativa para la socialización del aprendizaje y representa una nueva oportunidad para que el alumnado que no comprendió, comprenda. Para lograrlo, son sus iguales los que transmiten el conocimiento, y lo hacen con sus palabras, relacionándolo con su vida cotidiana.

Grupo 3: redes estratégicas (cómo se aprende)

Las redes estratégicas están localizadas en los lóbulos frontales del cerebro y se encargan de los parámetros ejecutivos de cualquier tarea. En otras palabras, son las redes que activan las acciones que derivan en el aprendizaje. Para lograrlo, el DUA propone:

Proporcionar múltiples formas de acción y expresión para que cada alumno encuentre la forma de experimentación que mejor se ajuste a sus habilidades estratégicas (Principio 3 del DUA)

Este principio propone ir más allá de la reproducción del conocimiento como cauce de expresión. Encontramos un buen ejemplo de su transposición didáctica en la metodología ABP. Cuando los equipos presentan sus productos de aprendizaje tiene lugar una acción cooperativa que provoca una reacción individual. Vergara (2015) denomina este fenómeno como “Efecto de la cama elástica”. El “rebote” puede canalizarse animando a que cada alumno también muestre su aprendizaje de forma individual, a través de murales, creación de relatos, diseños informáticos, etc.

El conocimiento tiene un efecto diferente en cada persona, y el proyecto ABP también debe articular la posibilidad de que cada alumno lo exprese como considere.

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Diseños Universales de Aprendizaje


Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

Cada vez son más las medidas didácticas que favorecen la atención a la diversidad. El Aprendizaje basado en proyectos (ABP), los paisajes de aprendizaje o los cuadrantes de Bloom son buenos ejemplos. En este post nos centraremos en una propuesta novedosa y específica para el ámbito de la inclusión: el Diseño Universal para el Aprendizaje (en adelante DUA).

Esta metodología se inspira en un movimiento crítico originado en la arquitectura norteamericana, que puso en cuestión la tendencia dominante de diseñar edificios dirigidos al “ciudadano promedio”. Diseños que no tenían en cuenta las diferencias funcionales que existen entre las personas. Frente a ello, se propuso diseñar edificios accesibles para toda la población. La premisa era: “El error no es ser diferente, sino diseñar sin tener en cuenta que existen diferentes usuarios a los que hay que proporcionar las mismas oportunidades”. Algo parecido sucede con el acceso al currículum del alumnado NEAE, así que este movimiento basado en diseños universales se extendió a la educación.

La DUA es una metodología inclusiva, con base en la neurociencia, que ayuda a configurar un contexto didáctico que maximiza las oportunidades de aprendizaje de todo el alumnado.

Según la teoría de Donald Hebb, desde una perspectiva neurocientífica, el aprendizaje es un mecanismo elemental de plasticidad sináptica y se produce por la activación de redes neuronales afectivas, de reconocimiento y estratégicas. Los pincipios de la DUA se orientan a activar estas tres redes. Desde el punto de vista didáctico, esto se logra vinculando el contenido a tres preguntas:

Proporcionar múltiples formas de implicación, para permitir que cada persona encuentre su incentivo para el aprendizaje y se sienta motivada en este proceso. Principio 1 del DUA y respuesta a la pregunta: ¿POR QUÉ APRENDER?

Proporcionar múltiples formas de representación de la nueva información. Así se amplían las oportunidades del alumno para integrarla en su patrones de conocimiento y, con ello, comprenderla. Principio 2 del DUA y respuesta a la pregunta: ¿QUÉ APRENDER?

Proporcionar múltiples formas de acción y expresión para que cada alumno encuentre la forma de experimentación que mejor se ajuste a sus habilidades estratégicas. Principio 3 del DUA, y respuesta a la pregunta: ¿CÓMO APRENDER?
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Paisajes de aprendizaje

Foto de Lauren Siegert vía Flickr


La pedagogía es el estudio teórico de la educación. Y la teoría tiene como una de sus misiones: nutrir a la práctica. Si esa conexión no existe, estamos abocados a reproducir modelos tradicionales, a "enseñar como me enseñaron". Y la educación, como todas las ciencias, como el mundo en su conjunto, ha evolucionado mucho desde que los que hoy somos docentes estábamos al otro lado (ver más).

Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñábamos ayer, les estamos robando el mañana. Dewey

Me encantan los "paisajes de aprendizaje" porque son un ejemplo de la CONEXIÓN entre teoría y práctica.

Dos teorías: la taxonomía de objetivos de Bloom y las inteligencias múltiples de Gardner, combinadas en un recurso que permite diseñar situaciones de enseñanza y aprendizaje coherentes con metodologías activas (ver más). Pero vamos por partes.

La taxonomía de objetivos de Bloom

Benjamin Bloom (1913 - 1999), como buen representante de la Escuela de Chicago, tuvo una gran preocupación por el aprendizaje, por cómo se producía y por cómo se podían generar experiencias de aula más ricas para el alumnado. Su propuesta taxonómica (1956) aporta luz sobre los pasos que sigue el aprendizaje, y sobre el tipo de tareas que los docentes deberíamos diseñar para hacerlo más significativo.

Los seis niveles de su taxonomía reflejan el grado de implicación cognitiva respecto a la tarea: Recordar, Entender, Aplicar, Analizar, Evaluar y Crear (adaptación de Kathwohl y Aderson, 2001). Sus conclusiones apuntan a que:

  • Las experiencias de aprendizaje deben integrar diferentes niveles de implicación cognitiva. 
  • El aprendizaje significativo es más factible cuando los niveles de implicación cognitiva superiores se apoyan sobre los inferiores.

Inteligencias múltiples de Gardner

En 1904, Alfred Binet desarrolló un método para determinar qué alumnos se encontraban en riesgo de sufrir fracaso escolar. De su trabajo surgieron los primeros test de inteligencia y, con ellos, el concepto de coeficiente intelectual, que limitaba la inteligencia humana a dos ámbitos: lingüístico y lógico-matemático. Esta concepción ha determinado currículum escolares, evaluaciones, pruebas de diagnóstico...

En 1983, Howard Gardner cuestionó este reduccionismo con una pregunta de investigación: ¿LA INTELIGENCIA HUMANA SE LIMITA A LA CAPACIDAD LÓGICO MATEMÁTICA Y LINGÜÍSTICA? A partir de su búsqueda, surgieron evidencias de otros tipos de inteligencias humanas. Hasta la fecha, la comunidad científica ha identificado doce formas diferentes de ser inteligente:

  1. Lingüística. Capacidad para dominar el lenguaje, su creación y comprensión.
  2. Lógico-Matemática. Capacidad de conceptualizar las relaciones lógicas entre las acciones o los símbolos. 
  3. Visual-espacial. Capacidad de reconocer objetos y hacerse una idea de sus características. 
  4. Musical-auditiva. Capacidad para reconocer y crear secuencias sonoras. 
  5. Corporal-Kinestésica. Capacidad para controlar y coordinar los movimientos del propio cuerpo. 
  6. Interpersonal. Capacidad de la empatía, y de entender las relaciones socio-afectivas. 
  7. Intrapersonal. Conocimiento personal y capacidad de gestionar bien las potencialidades propias.
  8. Emocional. Mezcla entre la interpersonal y la intrapersonal. 
  9. Naturalista. Capacidad para entender los procesos de la naturaleza y a los animales. 
  10. Existencial. Capacidad para afrontar y aprovechar éxitos y fracasos vitales. 
  11. Creativa. Capacidad para generar nuevas ideas que innoven en su contexto. 
  12. Colaborativa. Capacidad gestionar el trabajo de equipos con eficacia.

El paisaje de aprendizaje

El paisaje de aprendizaje conecta las dos teorías referidas en una matriz de programación. De esta forma, promueve la organización de experiencias didácticas dirigidas a las diferentes inteligencias y niveles de implicación cognitiva. Esto hace que sea considerada como un recurso que favorece la personalización del aprendizaje y la inclusión.

Un paisaje no requiere el uso de tecnología. Una tela con bolsillos podría ser un soporte, y de hecho lo es en muchas aulas de Infantil. Sin embargo, la tecnología facilita su diseño y su presentación al alumnado, y más con plantillas como las que ponen a disposición de los docentes los amigos de Genially.

Plantilla Genially para diseñar paisajes de aprendizaje

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La diversidad según Procusto

Foto de John Tyler vía Flickr

El colibrí azul es caprichoso. A veces, de forma inesperada, se posa sobre un tuit y lo convierte en viral. Acto seguido, el móvil no deja de vibrar entre likes, retweets y follows; aparecen troles y heaters dispuestos a morder para obtener su alimento; llegan propuestas variopintas vía MD; pero sobre todo, se abre un intenso debate en torno a la cuestión de fondo. Y solo por eso, merece la pena... Algo así sucedió con el hilo sobre el TDAH de Paquito y este post recoge —como siempre desde el prisma del autor— el resultado de tan singular prospección.


Más allá del TDAH, este hilo refleja un posicionamiento respecto a la diversidad en educación. Por suerte, quedaron atrás ideas como la exclusión o la segregación. En la actualidad, el debate se centra sobre la inclusión. Como dicen los amigos de @EditorialAljibe, hay quienes la entienden como un simple "dejar pasar" y quienes la asemejan más a una "bienvenida", reconociendo así el factor de enriquecimiento para el aula que trae consigo la diversidad.

En lugar de pretender que en algún lugar, oculto en un sótano oscuro, haya un cerebro perfectamente normal con el que el resto deben ser comparados, hemos de admitir que no existe ese estándar, así como no existe una flor estándar o una cultura estándar; y que, de hecho, la diversidad entre cerebros es tan maravillosamente enriquecedora como la biodiversidad y la diversidad cultural (Armstrong, 2012: 16)

Profundizando en las dos sendas por las que discurrió el debate, @AltesaAmils trajo a colación el mito de Proscuto.

El "bueno" de Procusto era un posadero que se impuso una misión en la vida: contribuir a depurar la gran Atenas. Para ello, desde su humilde negocio extramuros ofrecía alojamiento al viajero. Cuando el confiado huésped conciliaba el sueño, Procusto hacía una sigilosa comparación entre la estatura del durmiente y el tamaño del lecho. Si había coincidencia, podía estar tranquilo: el nuevo ciudadano de la polis cumplía el canon heleno, aunque casi nunca era el caso... La torturadora tarea —nunca mejor dicho— venía de la mano del desajuste: su conciencia le obligaba a serrar los pies del que sobresalía y a estirar las extremidades del que no llegaba al borde.

La locura de Procusto se prolongó hasta que el que llamó a su puerta fue Teseo. El héroe —sabedor de la obsesión de su anfitrión—, tumbó al posadero en el catre que cumplía la función de baremo estandarizor y, oh sorpresa, Procusto tampoco cumplía con las medidas que él mismo imponía a todo el que aspiraba a entrar en la ciudad.

La paradoja del posadero sigue viva en nuestra sociedad (ver +), y está detrás del desperdicio de mucho talento. Por ello, no está demás tenerla presente en educación y, especialmente, en todo lo que tiene que con la neurodiversidad. Si bien es cierto que la mayoría de intervenciones a partir del hilo son favorables a la bienvenida, siempre queda algún Procusto con ganas de hacer un mundo a su medida.

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TDAH, cazadores en la granja

Foto de Den C. vía Flickr

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo de carácter neurobiológico originado en la infancia y que afecta a lo largo de la vida, que se caracteriza por la presencia de tres síntomas típicos: déficit de atención, impulsividad e hiperactividad motora y/o vocal. Fundación Adana

#PermiteQueTeCuente la historia de un alumno muy especial. Paquito —nombre ficticio por razones obvias— se incorporó a la clase de sexto ya iniciado el curso. Jamás olvidaré su ilusión por la Educación Física. Siempre llegaba el primero, daba varias vueltas corriendo y me buscaba jadeante: «¿Qué hago ahora, profe?». Suena extraño, pero en cierto modo cumplía mis indicaciones: «Cuando lleguéis, haced el calentamiento sin perder tiempo». Él no perdía un segundo. «Ahora puedes ayudarme a colocar el material para la sesión».

Cuando los demás manifestaban cansancio o desgana ante un ejercicio, Paquito quería repetirlo. Para mí —su profe de EF—, era un alumno AVENTAJADO. Así lo expuse en la primera reunión de Equipo Docente, y todo el mundo se llevó las manos a la cabeza. Paquito era un desastre en el aula: no atendía, se movía constantemente, interrumpía... un caso típico para enviar a "evaluación psicopedagógica".

Recuerdo vivamente el día que recibió su diagnóstico, bajó el último al patio...

—Profe, ¿te has enterado? Ya es oficial, soy TDAH.
—¿Y te han explicado qué significa eso? —le dije a sabiendas de que ya tenía la versión oficial.
—Sí, que soy nervioso, que no me concentro y eso...
—Pues me parece que no te lo han explicado bien.
—¿No?
—TDAH significa que eres un cazador.
—¿Un cazador? —me miró con una mezcla de incredulidad y sorpresa.
—Sí, pero no de esos que van con una escopeta matando por diversión. Eres un cazador prehistórico. ¿Has dado ya la Prehistoria? —asintió con los ojos muy abiertos—. Pues ya sabrás que los cazadores eran personas muy importantes, de las que dependía la supervivencia de la tribu. Tenían que ser rápidos, listos, estar alerta, actuar...
—Como un "hombre de acción" —reflexionó con el rostro iluminado y haciendo referencia a alguna película o serie que yo desconocía.
—Eso es, pero has tenido mala suerte, chaval. Te ha tocado vivir en un mundo —le dije señalando en derredor— que valora más a los granjeros que a los cazadores. Ya sabes, aquí lo importante es ser paciente, saber estar sentado, prestar atención...
—Es verdad, el cole se parece un poco a una granja.
—Puede ser, pero ¿sabes cuál es la principal virtud de los cazadores? Son capaces de adaptarse a cualquier lugar —respondí sin dejarle tiempo a pensar—, saben camuflarse. Así que tú vas a saber adaptarte a una clase-granja, estoy seguro.

Mis palabras en esta conversación estaban inspiradas en el maravilloso libro El poder de la neurodiversidad. En concreto, en los resultados de una curiosa investigación realizada con bomberos americanos. Para llevarla a cabo se seleccionó a una brigada y se le pasó un test diagnóstico de TDAH. El resultado fue un alto grado de "positivos". Al ver el listado con los nombres, el jefe de bomberos exclamó: «¡Pero si son mis mejores hombres!»

La experiencia de clase y la investigación recogida por Thomas Armstrong me llevó a una reflexión que me gustaría compartir contigo:

Solo cambiando el contexto, Paquito —el alumno problemático en el aula— se convertía en un alumno aventajado en el patio, en un valioso cazador prehistórico o en uno de los mejores bomberos de la brigada. ¿No será mejor empezar la intervención por el contexto? Si tu respuesta también es afirmativa, te invito a descubrir la Pedagogía Sistémica
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Schoolcor café

Foto de Yamila Mimun

A pie de obra, la carga laboral abruma. Si no perteneces al mundo educativo, quizá no sepas que todo está cambiando (...) De ahí que si te encuentras a uno de esos albañiles de la tiza y le preguntas «qué estás haciendo», es posible que su respuesta sea: «¡Aquí sudando! No paro de mezclar cemento y pegar ladrillos, y esto no acaba nunca. Además no me quito de encima al capataz». Entiéndelo, puede que tú contestaras lo mismo en su situación. Pero cuando llega a casa, ese incansable obrero toma conciencia de la verdadera dimensión que tienen sus pequeñas acciones del día a día, y puede decirse a sí mismo: «Estoy haciendo una catedral», porque esa es la verdadera magnitud. Pedagogía vía Twitter

En este post nos descubrimos ante uno de esos maestros capaces de visualizar la catedral en un día a día plagado de pesadas piedras que mover, tallar y pulir. Un tipo que mantiene su colegio abierto once meses al año, capaz de estudiar e imitar la voz de un conocido personaje cinematográfico solo para captar la atención de su alumnado, o de producir un canal de YouTube para llegar a las familias. "Schoolcor café" es el nombre de un programa de entrevistas y tertulia que tiene mucho de aquellas técnicas que el gran Freinet diseñó para dotar de sentido al desarrollo de la competencia comunicativa.

Cuando me propuso participar, Miguel Ángel me explicó su motivación en estos términos: «Para cambiar el futuro que este barrio tiene previsto para mis alumnos, necesito contar con las familias. Si no vienen al colegio, yo me voy a encargar de que el colegio vaya a sus casas; y no se me ocurre una forma mejor para entrar que colarme por su ventana favorita: el plasma de cuarenta pulgadas que tienen en el salón. Cuando su hijo salga en la tele, ya verás como la "mama" y el "papa" se tragan un programa de cuarenta minutos sobre educación». Cómo negarse...


Una vez visto desde dentro, no cabe más que felicitar al CEIP Manuel Altolaguirre por su acción para promover la sociedad del aprendizaje en uno de los barrios con mayor riesgo de exclusión social de la ciudad. Una línea de trabajo que bien podría firmar el mismísimo Paulo Freire, que tanto defendió la necesidad de intervenir desde el profundo conocimiento y la auténtica realidad del contexto.

Será a partir de la situación presente, existencial y concreta, reflejando el conjunto de aspiraciones del pueblo, que podremos organizar el contenido programático de la educación y acrecentar la acción revolucionaria. (Freire, 1992: 115).
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¿Nació con un don?

Foto de Eunbyul Sabrina Lee vía Flickr

A veces, ante talentos extraordinarios que empiezan a despuntar en la infancia, nos hacemos esta pregunta. Quizá el ejemplo más paradigmático sea el de Mozart y su "oído absoluto". Permite que te cuente la respuesta que la neurociencia tiene para este caso.

El prodigio del joven Wolfgang Amadeus se hizo público después de que el periódico de Augsburgo le dedicara un artículo a su capacidad para identificar cualquier nota emitida por cualquier instrumento musical: «La sostenido de la segunda octava por encima del do central», decía con seguridad. Y no quedaba ahí, aquel niño de siete años también era capaz de identificar las notas emitidas por objetos poco musicales: el tañido de una campaña, la vibración de un cristal...

Hoy tenemos mucha información sobre lo que se consideró una extraña habilidad hace 250 años. Sabemos, por ejemplo, que solo 1 de cada 10.000 personas tienen oído absoluto. Podría ser la prueba de que, efectivamente, se trata de un don con el que nacen algunos afortunados. Pero sabemos más...

En 2014, la psicóloga Ayako Sakakibara realizó un revelador experimento en la Escuela de Música Ichionkai de Tokio: formó un grupo de niñas y niños (de entre 2 y 6 años de edad) y los sometió a un entrenamiento durante un año. Mientras que en circunstancias normales, 1 de cada 10 personas desarrollan el oído absoluto, todos y cada uno de los participantes en el experimento lo hicieron. Ir al artículo completo.

El don no es el oído absoluto, sino la capacidad para desarrollarlo, y lo mejor es que casi todo el mundo nace con ese don

¿Nació Mozart con un don? La neurociencia responde con un NO tajante. Si profundizamos en su historia vital, comprenderemos que la práctica deliberada (a la que ya le dedicamos un post) tiene mucho que ver con su virtuosismo, lo cual no es óbice para presuponerle una gran inteligencia musical.

Leopold Mozart, que además de padre del genio fue autor del primer manual didáctico para educación musical infantil, empezó a trabajar con Wolfgang a muy temprana edad. Así, cuando el niño tenía cuatro años, su padre ya se dedicaba a él a tiempo completo: con el violín, el piano y otros instrumentos.
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El valor de la neurodiversidad

Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

Li Shimin, emperador chino del año 648, dejó escrito lo siguiente:


Un líder sabio elige a la persona adecuada para cada tarea. Es como un buen carpintero, que sabe utilizar la madera recta para hacer varas, la curva para ruedas, y los trozos más largos para vigas. Así como un buen carpintero no descarta ninguna madera, un emperador astuto no prescinde de ninguna persona.

Sin saberlo, estaba confirmando lo que la ciencia reconocería muchos años después: EL VALOR DE LA NEURODIVERSIDAD.

La sociedad actual, y con ella la escuela (especialmente a partir de la LOMCE, como vimos aquí), no coincide con la visión del emperador de la dinastía Tang. Muy al contrario, apuesta por una ideología antagónica: la normalidad. Curiosamente, la palabra «normal» ni siquiera era de uso común hasta 1840. Deriva del latín «norma», que era la escuadra de un carpintero.

En el siglo XIX, el estadístico Adolphe Quetelet recopiló datos sobre altura, peso, envergadura... e «inventó» a la persona-promedio. A partir de ahí surgió un desmedido interés por la estandarización.


¿Qué sucede con los que no se ajustan a lo normal?

A nadie se le escapa que estar fuera del promedio puede acarrear dificultades, que las personas afectadas sienten especialmente. Recuerdo un cuento sobre dos cántaros que lo refleja perfectamente. Uno era «normal», el otro tenía una grieta en su costado. El aguador los llenaba en el río y para cuando llegaba a casa, el primer recipiente estaba lleno y el otro por la mitad. Al comprobar esa situación, el cántaro agrietado se dirigió a su propietario:

—Cada día te veo hacer un gran esfuerzo para traer agua. Yo pierdo la mitad por el camino. Sé que me tienes cariño, pero entendería que quisieras deshacerte de mí.

Del docente, perdón, del aguador cabría esperarse que prescindiera del cántaro roto. Todos, incluido el propio implicado, lo entenderían. Sin embargo, el hombre supo reconocer la virtud más allá de los criterios normales:

—Es cierto, tú me aportas la mitad del agua que los demás, pero también haces algo que quizá no sepas: me alegras cada mañana. Vamos a hacer una cosa, durante el trayecto de vuelta quiero que te fijes a qué lado del camino crecen las flores.

Foto de Dani Vázquez vía Flickr
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En solo 10 minutos

Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

Recuerdo con cariño a Joaquín, era un compañero, un amigo de del colegio. Hoy lo etiquetaríamos como un alumno con "Necesidades Educativas Especiales". En aquella época, y para nosotros, era un niño que hacía fichas de primero en una clase de sexto. Su comportamiento también era más infantil, pero no nos resultaba extraño, lo conocíamos desde siempre. Lo cierto es que tener a Joaquín en clase era un privilegio. Mejor dicho, el profe Pedro hacía que lo fuera.

Ahora, después de diez años en las aulas, entiendo que un alumno con un nivel de competencia curricular de Primer Ciclo tiene que hacer un esfuerzo tremendo para soportar una clase de sexto. Creo que el profe Pedro también era consciente de ello. Por eso, cuando Joaquín se empezaba a mostrar más inquieto, el profe cortaba la clase. Daba igual si era mates, lengua o un examen. "¡Atención, Joaquín tiene algo que contarnos!", nos decía. Y para mí era fantástico, mi cabeza tampoco soportaba tanto tiempo seguido de trabajo intelectual.

Diez minutos, no creo que fuera más, SOLO 10 MINUTOS. En ese tiempo, Joaquín salía a la pizarra y nos explicaba lo que estaba aprendiendo. Otras veces, simplemente narraba lo que hizo la tarde anterior. El resto, escuchábamos. Si la situación lo requería, también participábamos. Sería imposible describir con palabras la sensibilidad con la que esa clase ayudaba o corregía a Joaquín. Incluso los más gamberros parecían transformarse en aquellos diez minutos.

Recuerdo que el profe tuvo problemas. Algunos padres "protestaron", sus hijos perdían diez minutos de clase todos los días. "Iban a ir menos reparados al instituto que los del otro sexto", le reprocharon. Mis padres asistieron a la asamblea que convocó el colegio. El profe Pedro dijo: "Es cierto, perdemos diez minutos de matemáticas, pero ni se imaginan lo que ganamos a cambio".

Ahora estoy seguro, Joaquín nos dio mucho más de lo que recibió en esos diez minutos. Nos ayudó a desarrollar la empatía, el respeto hacia la diferencia, la solidaridad... nos ayudó a ser mejores personas. Y todo a cambio de solo 10 minutos.


Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto. Aristóteles

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¡Yo quiero bailar!

Foto de Peter Voerman vía Flickr

Gillian Lynne tiene una historia vital fascinante. Con solo ocho años sufrió un auténtico calvario en la escuela. Aquello no se le daba bien: siempre dispersa, con poca paciencia para escribir y dificultades para permanecer sentada. Defenestrada para los estudios por su profesora, la llevaron a un psiquiatra en busca de respuestas. Allí estaba Gillian, rellenando test en una sala con un falso espejo desde el que la observaban. De repente se levantó y empezó a bailar al son del hilo musical. Sus movimientos eran tan elegantes, tan acompasados, tan naturales… «No está enferma, es bailarina», fue el acertado diagnóstico que recibió. Tratamiento: «Matricúlenla en una escuela de danza». Ahora Gillian es nonagenaria, pero aún recuerda el momento en el que pisó por primera vez la que sería su academia: «Encontré a personas como yo, que necesitaban bailar para ser felices. Aquel era mi lugar en el mundo».

La señora Lynne tuvo la suerte de encontrar pronto su pasión y dedicó su vida a desarrollarla. Nada habría sido igual lejos de los escenarios. Que se lo digan al mendigo del cuento, que estuvo toda su vida pidiendo limosna a las personas que pasaban por su lado. Cierto día, cuando ya era anciano, alguien le preguntó: «¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?». El mendigó contestó que no lo sabía y aceptó la propuesta de abrir el gran cofre que llevaba años sirviéndole de asiento. Oro, joyas, esmeraldas… un tesoro. ¡Había sido rico toda su vida sin saberlo!

La infancia es el momento adecuado para descubrir ese tesoro que cada uno lleva dentro. Gillian Lynne llegó a ser solista del Royal Ballet Company de Londres y actuó por todo el mundo. Después formó su propia compañía de teatro en Broadway, donde creó algunos de los musicales más célebres de todos los tiempos, como Cats o El fantasma de la ópera. Hizo disfrutar a millones de personas y desarrolló una gran carrera profesional, pero confiesa algo que estuvo por encima de todo aquello: «Disfruté con ilusión, me enamoré de ese maravilloso mundo… soy feliz con la danza». Un éxito en todos los sentidos, y no gracias a la escuela precisamente.

¿Cuántos TALENTOS como el de Gillian siguen pasando DESAPERCIBIDOS en las aulas?

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El jardín de Stenhouse

Foto de Debs-eye vía Flickr

Quizá ya conozcas la urgencia por estandarizar la educación. Hay todo un movimiento legislativo que pretende estandarizar programas, métodos, evaluaciones, etc. El GERM, al que ya le dedicamos un post. Paradógicamente, como anticipa su acrónimo, se está extendiendo como un GERMEN por medio mundo ¡Cuidado! La LOMCE está totalmente infectada.

Estandarizar. Ajustar varias COSAS SEMEJANTES a un tipo o norma común. RAE

Si te fijas, en la definición de la RAE encontrarás argumentos para alejar este término del sistema educativo. Lo más llamativo es que se refiere a objetos, no a personas. Por tanto, estandarizar equivale a cosificar al alumnado (en realidad, a toda la sociedad). Y no solo eso. En nuestra nueva condición de «cosas», también tendríamos que ser SEMEJANTES. Algo que es del todo irreal. Te imaginas... ¡Qué mundo tan aburrido! Lo cierto es que el factor humano y la diversidad no son, digamos, prioridades del proceso de estandarización educativa. Por concretar, seguro que en mi clase ya no podría disponer de esos 10 minutos tan importantes que describía este post.

¿Quién pretende un modelo de sociedad uniforme y deshumanizado? Siento decepcionarte, pero el villano es un viejo conocido: el lobby financiero, que ha puesto sus ojos en lo que considera un nuevo negocio: la educación. Pero nada sería posible sin la aquiescencia de poderes públicos. FRENTE AL DINERO SOLO NOS QUEDA LA FUERZA DE LA RAZÓN, representada en este ámbito por la PEDAGOGÍA.

Desde la pedagogía podríamos desgranar teorías en contra de la estandarización, y de su prima-hermana la privatización. También podríamos analizar los casos de Reino Unido, EE.UU, Chile y tantos otros países en los que este modelo ha fracasado, con gran perjuicio socio-educativo. Podríamos... Lamentablemente, este maldito blog limita a 350 palabras cada post. Así solo queda recurrir la concisión argumental del gran Stenhouse. Su visión también nos enfrenta a una cuestión trascendental: ¿QUÉ TIPO DE SOCIEDAD QUEREMOS CONSTRUIR?

Imagina que cada curso recibes un puñado de semillas. Son pequeñas, pero tienen gran potencial de crecimiento. Algunos docentes se esmeran por darle un tratamiento similar a todas: la misma cantidad de agua, intervalos de riego, fertilizantes... Estos «granjeros» esperan recolectar la cosecha coincidiendo con el final del tema o del curso. También buscan que todos los frutos (o «respuestas») sean del mismo calibre, color, sabor... Frente a esto, hay otro tipo de docentes, los «jardineros», que entienden que cada semilla es única y aprecian la belleza de los diferentes colores. Además de adaptar las necesidades de riego y luz, son capaces de diseñar precisos jardines, en los que la combinación armónica de especies diferentes representa un valor añadido.
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Educar el talento

Foto de Leo Hidalgo vía Flickr

El talento es el buen uso de la inteligencia... Es la inteligencia que triunfa. José Antonio Marina

Mark Zuckerberg, Sergey Brin (co-fundador de Google), Lady Gaga... Todos fueron alumnos superdotados, y todos pasaron por el centro para jóvenes con talento de la Universidad John Hopkins de EE.UU. Uno de sus profesores, Julian C. Stanley, aprovechó su contacto con el talento para llevar a cabo un ambicioso estudio: analizó la trayectoria de 5.000 superdotados durante 45 años (el estudio continúa en la actualidad a cargo de Camilla Benbow y David Lubinski, con el título: The Study of Mathematically Precocious Youth).

El conocimiento generado a lo largo de tantos años de investigación se ha sintetizado para la revista Nature, y de esa publicación científica emanan las siguientes RECOMENDACIONES PEDAGÓGICAS para educar a jóvenes con talento:

  • Exponerle a EXPERIENCIAS DIVERSAS. 
  • Dar opción a que profundice en sus INTERESES. 
  • No olvidarse de sus necesidades EMOCIONALES. 
  • Animarle a asumir riesgos y a explorar más allá de la zona de confort. 
  • Ayudarle a entender que los FRACASOS son parte del aprendizaje. 
  • Colaborar con la escuela, ¡formamos parte del mismo equipo!

Criar un genio es lo último que aconsejaríamos a los padres, ese objetivo puede dar lugar a todo tipo de problemas sociales y emocionales. Camilla Benbow

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